Y es que estamos condenados, al menos en occidente, a reconocer en dios la cualidad intrínseca de un creador, sin entender que no necesariamente es así. Dios puede estar ahí, en forma infinita, sin principio o sin final, sin un origen o misión específicos. La realidad es superior a cualquier forma divina. Hay que dar cabida a la posibilidad de que las divinidades o seres superiores no son creadoras, no son dadoras de vida. La calidad de dios no es necesariamente mejor que la de hombre, el estar exento al paso del tiempo o a los límites no debe ser considerado como algo preferible a estar sujeto a dichos factores. Hay que pensar de pronto que lo divino es tan deseable como lo humano.

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