Como cada noche pregunto a la luna, si acaso te ha visto y como cada noche me dice que no. Sé muy bien que miente y los dos sonreímos, pues esa mentira me ayuda a seguir. Recuesto los hombros y espero a que el sueño, apague mi fuego al menos por hoy. Y por la mañana, abro la ventana y pregunto al sol si acaso te vio. El sonríe compasivo, sabiendo que miente me dice que no. Le digo, mi amigo, si acaso la miras dímelo por favor y contento el ladino responde que sí.
Y yo espero sentado como cada tarde, esperando que venga la luna para preguntar. Tras pasar muchas horas, todas en silencio, pensando si acaso la luna te vio, al fin llega el negro y llega mi amiga, corro y le pregunto si acaso te vio. Ella como siempre sonriente, me dice que esta noche pasó por tu casa y hoy sí te encontró. Me dice, mi amigo, he de confesarte que estaba tu dama, estaba en su casa observando el cielo y mire su rostro, estaba feliz. Te confieso además que no estaba sola, estaba con alguien y te juro mi amigo, pensé que eras tú. Le digo con la voz casi quebrada y sonriendo por ella que es tan feliz, no te preocupes amiga del alma, tal vez aquel hombre, tal vez era yo.

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