Au revoir
Ayúdame hermano, busca mis pensamientos en aquel baúl. ¿Se perdieron otra vez? Seguramente la tristeza que me embarga se debe a una buena razón, porque me sentiría estúpido si alguna nimiedad nublara mi vista con tanto lagrimeo. Reza por mí, porque cuando me haya ido, tus palabras no tendrán efecto alguno, solamente podrán llegar al viento, pero al cielo jamás. Toma nuestras tardes de risas y guárdalas en aquella bolsa que tejió mamá. Acalla los gemidos que produce la brisa que se cuela por la ventana, ya que los siento como terribles reclamos por lo que se viene.
