Olores de un perro muerto, sí, bien muerto
Yo soy más que nadie y menos que cualquiera que haya decidido escuchar mis calumnias. Olvido una cosa por día y he llegado a entender que el último no sabré nada. Habré perdido mi nombre, mi espacio, mi legado y mis recatos. ¿Sabes? Sucedió hace no pocas horas que la locura vino a saludarme, cabe mencionar que lo único que recibió de mi fría mano fue lástima, ella la tomó cordialmente y yo de igual forma, guardé una poca de su parte. Somos dos seres, ella y yo, tan parecidos en nuestras diferencias con los demás que, nunca pensé llegar a conocer a una dama tan elocuente y es que, cada palabra que provenía de su apestosa bocaza, no hacía más que enfurecerme. Gracias por esa pestilencia que sólo es hermosa para los que la merecemos.
