Ni un faro en la oscuridad es tan brillante. Caminando por los sueños del presente, me topé con el pasado que irremediablemente conduce a las catacumbas de la nostalgia. El olvido intentaba aniquilar las imágenes de nuestra historia, pero con espontánea sonrisa evité tal abominación. Nunca una abeja tuvo más fortuna que la de aquellos prados, si bien el pinchazo le costó la vida, me parece la más dulce de las muertes rendir su aguijón ante tan tierna figura. Espero las gotas de anhelo que esparce el pequeño palabrerío, lleguen al rocío del ayer en la mañana común.