Miro al espejo y qué es lo que encuentro. Un costal de viejos y desgastados huesos, cubiertos de una piel que parece más bien un conjunto de escamas. El ayer, es tan sólo un estornudo, provocado por un resfrío mal atendido. Olvido al catrín aquel que conmovido decía: Cuánto ha pasado desde aquel día en que me enamoré por primera vez. Desnuda eres, estás cuando te has marchado y sin embargo, suelo estallar en llanto cuando al fin te tengo frente a mí. Gracias por hacerme un hombre tan libre, tan pleno, tan desbordante de incoherencia, tan absurdo, tan tan.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados